Union de Guardias Civiles, UnionGC, propone que el compañero que se lanzó al agua, aún a riesgo de su propia vida, para intentar salvar la del bañista fallecido en Barreiros el pasado domingo merece un reconocimiento oficial.

El Guardia Civil natural de Lugo se atrevió a lanzarse a un mar embravecido y que prefiere pasar inadvertido, tiene 30 años, está destinado en Burgos, suele veranear en Barreiros y lleva un tiempo preparándose para formar parte del grupo de rescate en montaña.

Para los testigos del incidente y compañeros suyos como Borja Fernández, actual representante de la Unión de Guardias Civiles, UnionGC, en Lugo, P.F. es un héroe. El propio jefe del equipo de salvamento barreirense, Borja Rocha, le felicitó -el suceso tuvo lugar tiempo después de que los efectivos de playas hubiesen terminado su jornada aunque en cuanto les avisaron acudieron de inmediato-.

El guardia, que estaba en la playa fue el primero en llegar hasta el afectado.

Por arriesgar incluso su propia vida, el representante en Lugo de la Unión de Guardias Civiles (Unión GC), Borja Fernández, solicita un reconocimiento para él.

Más concretamente cree que por ejemplo de cara a la próxima festividad del Pilar, el guardia merecería la imposición de una medalla, incluso la Cruz al Mérito que concede la institución con el distintivo rojo.

Personas así son las que realmente merecen estas condecoraciones, mucho más que los que están en los despachos”, opina Fernández.

“Si ha incurrido en alguna negligencia por tirarse al mar al rescate, puso su propia vida como garantía. Sería muy triste que se le concediesen medallas solo a los que fallecen, como les ocurrió a los compañeros que intervinieron en el Orzán. Él ha demostrado la vocación que tiene de tratar de salvar a una persona que se encuentra en peligro pese al riesgo que suponga para su propia integridad”, argumenta.

Él estaba en la playa y desde el acantilado su familia le hizo señas sobre la situación. Le cogió el body board a un niño y se tiró porque al veranear en la zona, conocía un poco el litoral. Llegó hasta el hombre con gran dificultad, cuando por desgracia el bañista estaba ya inconsciente. El mar lo hundía, así que le enganchó con el brazo y la tabla pero el oleaje les arrastraba a ambos.

Así debió de estar unos 20 minutos hasta que llegó otro vecino del lugar, buen conocedor de las corrientes de la zona, que le ayudó con la cuerda del corcho. Pronto llegaron los socorristas y luego sobrevino el trágico desenlace que nadie pudo ya evitar.