 LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN SE CASTIGA
UniónGC-CATALUÑA CONSIDERA UN ATROPELLO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN LA “CACICADA” DEL CONSEJO AUDIOVISUAL DE CATALUÑA.
Si alguien conoce de la censura en la libertad de expresión, hasta límites que rozan en muchas ocasiones lo absurdo y en otras cuando menos lo alegal, esos son sin lugar a dudas los Guardias Civiles.
LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN SE CASTIGA
UniónGC-CATALUÑA CONSIDERA UN ATROPELLO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN LA “CACICADA” DEL CONSEJO AUDIOVISUAL DE CATALUÑA.
Más allá de opiniones políticas, que nos están vetadas por Ley y que asociativamente jamás plantearemos, pues afortunadamente nuestro colectivo es muy plural, sin entrar en los particulares debates de “share” visual o radiofónico y con independencia de nuestras simpatías o no hacia los medios afectados, la reciente decisión del flamante “Consejo Audiovisual de Cataluña”, organismo censor donde los halla, nos parece un evidente atropello a la libertad de expresión.
Si alguien conoce de la censura en la libertad de expresión, hasta límites que rozan en muchas ocasiones lo absurdo y en otras cuando menos lo alegal, esos son sin lugar a dudas los Guardias Civiles.
Durante muchos años escritos, declaraciones en medios de comunicación o meras opiniones a título particular, han sido perseguidas con dureza y contundencia propias de la “Santa Inquisición”, cual si de brujas, herejes o apóstatas tratáramos, viendo como compañeros que tan sólo querían hacer oír su voz han sufrido las consecuencias de un sistema inmovilista, arcaico y que aún a día de hoy coarta esa sacrosanta “libertad de expresión” que nos hemos venido en dar todos como garantes de una pseudo-democracia, más formal que real.
Si la democracia resulta devenir etimológicamente en el gobierno del pueblo, nosotros sencillamente no somos pueblo y de aquí que cuando observamos que algunos de quienes sí tienen ese privilegio y pueden gozar de todos los derechos que la Constitución les ampara, también son vilipendiados, hostigados y legalmente marginados, podríamos decir aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”.
La resignación, es lo que le resta en muchas ocasiones al cobarde, al amparo de la misma se justifican servidumbres ocultas (o no tanto), pago de favores, lealtades y en muchas otras mera holgazanería social, resulta más cómodo dar por asumido que si la mayoría decide algo será correcto y democrático y sin embargo no pretender aplicar esa democracia a sensu contrario.
Las dictaduras son todas ellas denostables sean del signo que sean, pero las más difíciles de vencer son las sutiles (¿He dicho sutiles?), es decir aquellas en las que de resultas de su no declaración tácita pudiera inferirse su no existencia, craso error.
Tal vez la resignación antes citada enlace con quienes piensan que la ignorancia es la madre de la felicidad, pero nosotros preferimos ser infelices y luchar por dejar de serlo que, ponernos orejeras y no querer ver lo evidente, recordar que no siempre el que nada contracorriente se ahoga, será cuestión de ir nadando mucho pues se auguran mares revueltos.
Secretario General de Cataluña
Bartolomé Barba Romero
|