Entre
alguno de ellos citaremos: "El síndrome de Superman. Nadie duda que
somos policías, pero ante cualquier situación en donde el tiempo lo
permita, ESPEREMOS apoyo".
1. La actitud. Si no nos concentramos
en nuestro trabajo mientras estamos de patrulla o nos llevamos los
problemas de casa, empezaremos a cometer errores y esto puede costarnos
caro.
2. El síndrome de Superman. Nadie duda que somos policías, pero ante cualquier situación en donde el tiempo lo permita, ESPEREMOS apoyo. Hay pocas ocasiones en las que deberíamos intentar llevar a cabo una intervención solos y sin ayuda.
3. No descansar suficiente.
Para hacer nuestro trabajo debemos estar alerta. Estar adormilados no
sólo es ir en contra del buen hacer, sino que nos deja a merced de
cualquiera que quiera sorprendernos y facilita que cometamos errores.
4. Tomar una mala posición.
Nunca permitamos a nadie con quien vayamos a intervenir o a quien
estemos a punto de dar el alto que se sitúe en mejor posición que la
nuestra o la de nuestro vehículo. Nada es rutina.
5.
Signos de peligro. Como policías, llegaremos a tener un "olfato
policial" para darnos cuenta de determinados "signos de peligro":
movimientos, ocupantes de un coche sospechoso, abultamientos en la
ropa, etc., que deberían alertarnos para poner cuidado en cada paso y
aproximarnos con precaución. Fijémonos en qué va mal o no está en su sitio.
6. No fijarse en las manos del sospechoso.
¿Está él o ella sosteniendo o escondiendo un arma?; ¿Está preparándose
para golpearnos?; ¿De donde nos va a venir una amenaza directa y mortal
si no es de las manos?
7. Relajarse demasiado pronto.
Las constantes falsas alarmas hacen que bajemos la guardia. No debemos
tomar ninguna llamada como otra falsa alarma. Puede estar nuestra vida
en juego. Igualmente no debemos relajarnos en intervenciones en las que estemos hablando normalmente con las personas
a las que hemos parado, estamos identificando, etc. La intervención se
acaba sólo cuando cada uno sigue por su camino o cuando estas personas
están en el calabozo, previo esposamiento y cacheo.
8. No esposar correctamente o no esposar. Una vez hayamos detenido a alguien debemos esposarlo adecuadamente (y por detrás.) Asegurémonos de que las manos que pueden herirnos están bien inmovilizadas.
9. Cachear superficialmente o no cachear.
Hay muchos lugares en los que pueden ocultarse armas, y que si no
descubres pueden suponer más tarde un peligro para ti o para cualquier
otro compañero.
10. Armas sucias o inoperantes.
¿Está nuestra arma limpia?; ¿Funcionaría si la necesitáramos?; ¿Y que
tal la munición?; ¿Podríamos ahora mismo defendernos con ellas de un
ataque contra nuestras vidas o las de otros?.
ERNESTO SANTAMARIA