Material
escaso, coches con demasiados kilómetros, necesidad de aumentar la
plantilla al menos en un cuarenta por ciento... Son solo algunos de los
problemas que entorpecen la labor de los guardias civiles que prestan
servicio en el cuartel de Santiago.
La
situación la denunció ayer la Unión de Guardias Civiles (UGC) por boca
de sus representantes, que comparecieron ante los medios para anunciar
que la agrupación que representa a 7.000 agentes en toda España y a
ochocientos en Galicia concurrirá el 22 de enero a las elecciones al
Consejo de la Guardia Civil.
Armando Castro,
de la ejecutiva de la UGC en Santiago, destacó la necesidad de
reagrupar aquellos cuarteles que, por pequeños y poco dotados, resultan
ineficaces.
Por su parte, el secretario
general estatal de la Unión fue más allá a la hora de poner en
evidencia los verdaderos problemas que, a su juicio, tiene que soportar
la plantilla compostelana. En este sentido, dijo que se están
estableciendo puntos de identificación «masivos», al margen de las
normas que los regulan y que pasan por la autorización directa por
parte del delegado del Gobierno. «Pero son autorizados polos mandos»,
señaló Mato, que atribuyó este tipo de mecanismos a la «medallitis» que
impera en el cuartel. «Non podemos someter á poboación civil a un
estado policial por esta medallitis dos mandos», añadió.
Otra
de las circunstancias que motiva la protesta de la UGC es lo que Mato
denomina un «sistema caciquil» que lleva a que algunos mandos del
puesto compostelano todavía dispongan de conductor. «Iso supón -indicó-
un axente menos traballando na seguridade de Santiago; en Galicia
pérdense moitas patrullas por levar de paseo aos mandos».
Sobre
el puesto de Milladoiro, lamentó la dificultad que supone para una
plantilla de dieciocho agentes y seis guardias en prácticas hacerse
cargo del trabajo que correspondería a treinta profesionales. «Santiago
non merece unha unidade nesas condicións», dijo Manuel Mato ante los
medios de comunicación.
La escasez de
personal se aprecia también, según la UGC, en Lavacolla, que tiene solo
un agente adscrito a la Unidad Fiscal y «dous ou tres» para ocuparse de
la seguridad del aeropuerto.
Sobre la unidad
de Tráfico, Mato explicó que los agentes «non se dedican á seguridade
vial porque teñen que levar de paseo aos políticos e aos transportes
especiais». Este último apartado se solucionó en Cataluña ofreciendo a
los guardias que quieran, en sus días libres y cobrando, realizar este
tipo de seguimiento.
LA VOZ